Argumentos contra AMLO 10 - Si la brinca ¿quién lo para?
Roberto Palacios González - 29/03/2005 02:37:18 | Categoria: Anti-AMLO
Para leer los demás artículos de la serie "Argumentos contra AMLO", haz click aquí.Si la brinca, ¿quién lo para?
El Universal
Viernes 21 de mayo de 2004
Raúl Cremoux
Como nadie, López Obrador había hecho gala de enfrentamientos públicos y constantes con las fuerzas reales de poder. Como nadie, había escalado rápidamente desde las goteras de la resistencia activa en el bloqueo de pozos petroleros y encabezamiento de marchas reactivas, hasta aspirar y resoplar por el primer puesto de México.
Como nadie, criticaba al neoliberalismo al tratar de oponer tesis políticas más bien superadas y expresadas siempre en forma nebulosa como si las posiciones geométricas de izquierda y derecha permanecieran inmóviles. Como nadie, se contradecía al aliarse con los más grandes inversionistas en la remodelación del Centro Histórico, en el Corredor Juárez y en el otorgamiento de concesiones varias como en los parquímetros, en la distribución del gas natural, en los estacionamientos, y otros etcéteras.
No quería hacerlo o lo que es peor, no se daba cuenta de que las tenazas de la globalización están aquí atrapándonos por los hombros para darle un giro sustancial al sistema en que vivimos y hacerlo proclive a una democracia sí, pero democracia mercantil y lo que esto conlleva. Como nadie, alimentaba sus conferencias matinales con el subibaja del dicho de respetar la figura presidencial y confrontarse gratuitamente con Fox, sea por el Horario de Verano, sea por las amistades que con su dinero le ayudaron a llegar a la Presidencia o por cualquier motivo que considerara suficiente.
Como nadie, se dedicó al cultivo de acciones y expresiones que tuvieran repercusión en las intenciones de simpatía y voto. Ahí están todas las obras que pudieran verse: ejes viales, puentes, camellones y prados en las zonas pudientes; todo lo que beneficie a clases medias y adineradas; reclusorios y nulo transporte colectivo para los pobres a quienes se les prometió que en todo irían primero.
Como nadie, empleó las mismas prácticas asistenciales que utilizaba el viejo PRI a la manera de políticas sociales y con ello refrendar el corporativismo electoral; pero como nadie, hizo gala de un lucidor y envalentonado menosprecio por las normas y leyes, específicamente de aquellas que del Poder Judicial emanaban. ¿No sabía acaso lo que todos los mexicanos ordinarios sabemos? Lo peor que nos puede pasar no es la pérdida del trabajo, ni siquiera el sufrimiento de una enfermedad dolorosa; tampoco la imposibilidad de labrarse un porvenir digno.
Lo peor para cualquier mexicano, lo que nos lleva a los abismos insondables es tener un problema con la justicia. Enredarnos con ministerios públicos, abogados, trámites, policías y jueces. Ese fundado temor pudo ser un faro que, permanentemente encendido, debió haber tomado en cuenta quien se regocijaba de contar con la mayor aceptación pública como suspirante a la Presidencia. ¿Acaso no repitió hasta el cansancio que lo diéramos por muerto en esa aspiración? Debiera hoy sentirse contento del regalo que un juez, vía la PGR le ha entregado.
Lo sabemos bien, en este país, las veredas que conducen a la justicia están cruzadas con los intereses de la política y sus intereses; de nada sirven las alocuciones de Luis Felipe Bravo Mena y Santiago Creel negando las intenciones políticas del caso. La impresión generalizada y que cada día se va a extender más es que la inculpación a López Obrador se vale de una falta administrativa para ubicarlo en las filas de la delincuencia mayor. ¿Tenía necesidad el gobernante citadino de autocalificarse de indestructible y con ello retar los egos robustos y las vanidades espectaculares que lo rodean; dónde está la sensibilidad política de proclamarse rayo de esperanza?
Como nadie se refocilaba en su autoritarismo: no a los dictámenes de la Suprema Corte; no a la resolución que da el visto bueno al Consejo para la Transparencia que le ha permitido opacidad en la rendición de cuentas, no a evitar pleitos fáciles con diferentes actores que lo tienen mal enquistado. Mientras tanto, sus tareas como jefe de Gobierno se ven en la suciedad y en el abandono de las calles y avenidas citadinas; en el temor de los habitantes a ser agredidos por asaltantes y policías; en la inmensa dificultad de abrir un negocio o en impedir ser multado.
Y es aquí donde se da lo que podemos llamar el "fenómeno Obrador". La gente de calle lo reconoce y advierte: "Es como todos los políticos pero éste sí hace cosas". Deslavada su bandera de la honestidad valiente, incapaz de darse cuenta que su tesorero de Finanzas viajaba y viajaba a donde se disminuyen o desaparecen los valores; ciego y sordo ante las advertencias de las inclinaciones de René Bejarano, emocionalmente vulnerable a las encuestas y artilugios del marketing, e invariablemente ladino y sarcástico, ha conseguido la identificación con la mayoría que ve en él a uno de los suyos. Con este inmenso capital, como nadie, López Obrador ha conseguido saltar uno tras otro los obstáculos que él mismo ha ayudado a imponerse. Ahora está ante el mayor, aquel que puede llevarlo a la noche o al trampolín para llegar a la candidatura y de ahí a Los Pinos. ¿Lo logrará?
Comentarios (0) - Referencias (0)











