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Intento de Catarsis

Hago este espacio para escribir de todo y de nada, sólo para sacar de mi cabeza las ideas de lo que se me vaya ocurriendo... y de paso practicar estilos de redacción, entre otras cosas... Espero lograrlo porque no se me da escribir sin objetivo "funcional

EL VERDADERO ROSTRO SE VE EN LA DERROTA - Jorge Fernández Menéndez

EL VERDADERO ROSTRO SE VE EN LA DERROTA
Jorge Fernández Menéndez
Excelsior, 5/jul/2006


En la política, como en todo en la vida, hay que aprender a ganar y a perder. En pocas ocasiones se conoce mejor a la gente que en su actitud ante el triunfo o la derrota. En ambas circunstancias es difícil no mostrar el verdadero rostro, el que está detrás de la máscara de la vida cotidiana, particularmente en los personajes públicos, como los políticos en general y los candidatos presidenciales en particular. Y en estas horas hemos visto actitudes que demuestran de qué están hechos los hombres y las mujeres que buscaron la Presidencia de la República el pasado domingo. Felipe Calderón, virtual ganador con base en las cifras del PREP, ha dado una muestra de madurez y apertura al reconocer que no ganó todo, que entendió el mensaje de la urnas, que debe convocar a un gobierno de unidad, luchar mucho más decididamente contra la desigualdad y la pobreza y avanzar más rápidamente en las reformas que el país exige. Lo hizo con respeto hacia sus adversarios, convocando a todos a participar en la construcción de esa política. Roberto Madrazo, que sufrió un golpe político durísimo el domingo, tuvo la hidalguía de reconocer los resultados y anunciar que aceptará lo que decida el IFE. Roberto Campa aceptó que la ventaja de Calderón es irreversible. Patricia Mercado ha dicho que simplemente esperará los resultados del IFE. Nadie, salvo López Obrador, ha cuestionado el proceso electoral y sus resultados. Y esa es una actitud mezquina, poco digna de quien perdió la elección, pero recibió la confianza de 13 millones de electores, es además irrespetuosa para el millón de mexicanos que participaron voluntariamente en la organización de las elecciones y para unas instituciones electorales que actuaron con eficiencia y con la credibilidad de la sociedad y los partidos.

Ha dicho López Obrador que "ganó" las elecciones, basado en "actas" que son tan misteriosas como aquella encuesta que le daba, según decía, diez puntos de ventaja; ha dicho que el Programa Electoral de Resultados Preliminares fue "manipulado" y "no es confiable"; llegó a decir que al IFE "se le perdieron" tres millones de votos; que como ganó en tres de las cinco circunscripciones electorales del país tiene que haber ganado la elección y terminó diciendo, en otras palabras, que no aceptará los resultados.

Estoy convencido de que, por formación, carácter y por el círculo más cercano que lo rodea, incluidos algunos comunicadores que jamás se atrevieron a decirle al rey que en realidad estaba desnudo, López Obrador no estaba preparado para perder. Para un político que considera que debe llegar a una posición por una suerte de misión o designio superior, es muy difícil aceptar que una mayoría no quiere ser "salvada" ni quiere reinventar el país a través de su liderazgo. Estamos viendo en la derrota cómo hubiera actuado López Obrador en la victoria: con mezquindad, sin respeto para sus adversarios y despreciando a las instituciones si éstas no coinciden con sus dichos. Sólo para que quede constancia habría que recordarle que el PREP es plenamente confiable y no puede ser manipulado: son innumerables los expertos de su propio partido que se lo podrían explicar; que las oscilaciones que mostró el PREP son normales porque en él caen las actas de las distintas casillas como van llegando y de la misma forma que cuando llegaron las del DF subió su porcentaje, cuando llegaron las del noroeste disminuyó, pero la tendencia que se mantuvo fue siempre la misma e incluso el resultado que daba el conteo rápido que el IFE decidió no divulgar daba el mismo resultado que se mostró en el PREP: una diferencia de un punto que equivale a 400 mil votos. Que no se le perdieron tres millones de votos al IFE, sino que son actas que tienen defectos en su confección, pero sus números están incorporados a los resultados. Habría que explicarle que la elección no se gana por circunscripciones (éstas sirven sólo para la distribución de los diputados plurinominales), sino por la suma de votos: es aritmética básica, el que tiene más votos gana y Calderón tuvo 400 mil más que AMLO.

Es triste comprobar que no se puede aceptar una derrota y se intenta, en ese camino, mancillar al árbitro electoral, desacreditar a las instituciones y a una jornada que tuvo, por supuesto, algunos incidentes, pero que fue en todos los sentidos ejemplar. Lo escribimos antes de conocer el resultado electoral y lo debemos reiterar ahora: las elecciones se ganan en las urnas, no en la calle ni mediante el chantaje de la violencia. López Obrador el domingo rompió en apenas unas horas dos acuerdos que sus representantes habían asumido con el IFE: habían acordado que nadie se proclamaría triunfador antes de que el Instituto diera los resultados del conteo rápido y antes de las 9 de la noche ya había dicho que había ganado y convocado, irresponsablemente, a la gente al Zócalo. Cuando el IFE tuvo el conteo rápido y por lo apretado de las cifras no dio los resultados, una vez más se acordó que se esperarían los del PREP y los del recuento distrital de este miércoles, antes de proclamar victorias y, una vez más, López Obrador desconoció los acuerdos y volvió a declararse ganador cuando no tenía un solo dato que respaldara su afirmación.

Ya conocemos los resultados del PREP, sabe que perdió y tampoco los acepta. Esta semana, probablemente el viernes, tendremos los resultados oficiales del conteo distrital, ¿también los desconocerá? Se necesita un poco más de dignidad y respeto, por su propia labor y para sus candidatos a otros puestos de elección popular que ocuparán muy amplios espacios en la nueva geografía política del país.

Insisto, el verdadero rostro de los hombres y las mujeres se conoce, de verdad, en su actitud ante la victoria, pero sobre todo ante la derrota. Allí están los ejemplos de Cuauhtémoc Cárdenas o Manuel J. Clouthier en 1988. ¿Así como se ve ante la derrota, López Obrador nos hubiera gobernado en caso de que hubiera ganado?

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