QUE RENUNCIE CORDOVA VILLALOBOS!!!
Roberto Palacios González - 15/01/2007 19:34:20 | Categoria: Grandes Temas
Que renuncie Córdova VillalobosPor: Claudio Lomnitz
EXCELSIOR
15-ene-2007
La discusión de la conducta sexual de los jóvenes con sus padres es muy loable, pero como política pública está destinada al fracaso. Esto se sabe de manera perfectamente científica desde hace ya más de 50 años

Tras de una campaña electoral sucia, y a la vista del movimiento social multitudinario que se levantó en apoyo de López Obrador, Felipe Calderón prometió gobernar para todos. Prometió armar un gobierno plural e incluyente. Prometió hacer suya la agenda social del PRD y hasta prometió “rebasarlo por la izquierda”. Acto seguido, nombró a José Córdova Villalobos para dirigir la Secretaría de Salud.
El día de su nombramiento, el doctor Córdova hizo una declaración ominosa: según el periódico Reforma, Córdova prometió que “no involucraría sus convicciones personales en la aplicación de la política pública”. La aclaración sonaba extraña —incluso un poco inquietante— para los que no conocíamos bien al personaje. Aunque ese día Córdova no aclaró detalles, los entendidos en cuestión de salud pública interpretaron que el doctor se refería a las posiciones que había tomado como presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados en el sexenio anterior, cuando se opuso a las reformas propuestas a la Ley General de Salud para ampliar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
O bien, en una de ésas, la declaración se refería a su alineamiento con la postura de la jerarquía eclesiástica, que se opone terminantemente al aborto y al uso de la píldora del día siguiente, incluso en casos de violación. O, acaso, Córdova pensaba en sus convicciones con respecto al papel de los padres de familia en el control de la sexualidad de sus hijos. O, si no, en su postura homofóbica. Posiblemente haya tenido todo eso en mente y algunas cosas más. Quién sabe. Pero cabe la pregunta: si el doctor Córdova no pensaba “involucrar sus convicciones en el ejercicio de su función pública”, ¿por qué aceptó el puesto?
Aquí hay sólo una de dos: o Córdova aceptó el puesto con la idea, declarada, de hacer a un lado sus convicciones, lo que significaría que el doctor es un oportunista, que quiere el puesto de secretario aun a costillas de sus ideales; o bien José Córdova pensaba imponer sus convicciones donde fuera posible, pero prefirió mentirle al público en ese momento tan delicado, porque sabía que sus convicciones violentarían, no sólo el carácter laico del Estado mexicano, sino también el conocimiento científico aceptado en materia de salud pública.
En cualquier caso, quedaba claro, desde el principio, que el nombramiento de Córdova sería deficiente: o el doctor era un oportunista o —como resultó ser el caso— se trataba de un sujeto que estaba dispuesto a disimular sus verdaderos objetivos con tal de imponer como política de Estado a la política sexual y reproductiva recomendada por la Iglesia.
Así, el jueves pasado, José Córdova declaró, durante entrevista en Excélsior, que este sexenio la promoción del condón ya no será prioritaria en las campañas de prevención del sida. En vez, dijo, la Secretaría realizará una campaña de prevención por medio de la familia. Córdova criticó, además, las campañas de la Secretaría que pretendían eliminar la homofobia, alegando que eran en realidad campañas de promoción de la homosexualidad. ¿Que qué? Veamos.
La discusión de la conducta sexual de los jóvenes con sus padres es muy loable, pero como política pública está destinada al fracaso. Esto se sabe de manera perfectamente científica desde hace ya más de 50 años, cuando el biólogo estadunidense Alfred Kinsey publicó sus estudios sobre las prácticas sexuales de los hombres y las mujeres de EU (en 1948 y en 1953, respectivamente).
En aquel entonces, Estados Unidos era un país sumamente conservador. Eran tiempos del macartismo y no había libertad de discutir la sexualidad fuera de los canales dominados por las asociaciones de padres de familia y las Iglesias. Los padres de entonces, como los de ahora, no querían conocer en detalle las propensiones sexuales de sus hijos, como tampoco querían compartir con ellos las suyas. Querían, sí, guiar a sus hijos, pero no conocer sus impulsos, deseos y actos en demasiado detalle. Por eso el doctor Kinsey descubrió, con pruebas estadísticas irrefutables, que en Estados Unidos abundaba toda clase de prácticas sexuales que eran públicamente negadas, desde el sexo oral y la masturbación, a la homosexualidad, la infidelidad matrimonial y las relaciones premaritales.
Hoy en día hay un conocimiento todavía más detallado y universal de todo esto, debido, sobre todo, a la epidemia mundial del sida. Los gobiernos que han utilizado la vía recomendada por Córdova, por ejemplo, el de Thabo Mbeki, en Sudáfrica —que le dio la espalda al sida y se negó a promover el condón y la educación sexual fuera de la familia—, padecieron de epidemias fulminantes y tuvieron, al final, que dar reversa a su política de negación.
La sexualidad y la reproducción no son sólo un tema de derechos individuales y de moral, son también uno de salud pública. No le pertenecen a ninguna Iglesia. El doctor Córdova Villalobos no está gobernando para todos. Está imponiéndole sus convicciones religiosas a todos los demás. Felipe Calderón debe tomar nota y pedirle su renuncia de inmediato.
Claudio.lomnitz@gmail.com
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