DESPEDIDA - Alejandro Aura
Hoy murió Alejandro Aura; poeta, dramaturgo, burócrata, diplomático y algunas cosas más; aunque en realidad yo lo conocí casi esxclusivamente como conductor de programas de televisión en los canales "culturales" -¡vaya término!- de México, con un estilo desenfadfado, cercano.
He de confesar que la noticia, al menos al principio, no me impactó más que las de la muerte de otras personas con vida pública; sin embargo, en la radio mencionaron que escribió un blog, hasta sus últimois días. Apunté la dirección y me apresté a visitarlo, por mera curiosidad.
En el blog me encontré con el diario de un moribundo, desgarrador como es de suponerse, pero con la chispa, el desenfado y el talento de quien -ahí me di cuenta- fue un gran escritor. Al leer cada entrada no pude evitar reir, y en varias ocasiones, llorar; lo cuál es bastante indicativo, porque -generalmente- no soy de lágrima fácil.
A continuación, el poema DESPEDIDA, post póstumo de Alejandro Aura.
No dejen de visitar su blog, y navegar por él... es altamente recomendable.
http://www.alejandroaura.net/wordpress/
DESPEDIDA
Alejandro Aura
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.











